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Opinión

El cordón sanitario y el umbilical

¿Qué hará Sánchez sin dinero europeo? ¿Qué otro cordón alimentará sus ansias de perpetuarse en el poder?

  • Alice Weidel, líder de AFD -

En Alemania ha sucedido lo que el mundo entero sabía que iba a suceder. Bueno, no todo el mundo, ni siquiera todos los alemanes, imaginaron que el partido ganador cambiaría su discurso una vez obtenida la victoria, deshaciendo sus promesas de campaña como quien borra la lista del supermercado cuando ya está en la caja. Y, por supuesto, según el progresismo alemán, lo que toca ahora es instalar un cordón sanitario para evitar que la AfD tome consistencia social.

El llamado “cordón sanitario” es, en esencia, un recurso antidemocrático. Su propósito es excluir a una parte del electorado de cualquier posibilidad de influencia en el gobierno, aun cuando su partido no haya sido ilegalizado ni condenado judicialmente. En otras palabras, hay ciertos partidos que, aunque obtengan apoyo en las urnas, deben ser marginados porque así lo decide el establishment.

Esto deslegitima el voto popular e implica que un porcentaje significativo de los electores es ignorado o tratado como un grupo de tontos y sus votos son tratados como inválidos, simplemente porque su opción política no es aceptada por quienes reparten los carnets de “demócrata certificado”. Esto contradice la esencia misma de la democracia, donde el poder emana del pueblo y cada voto debe valer lo mismo, incluso si molesta a quienes se creen dueños del tablero.

En España, por ejemplo, ya se ha aplicado el cordón sanitario y ha sido un fracaso. Siempre fracasa. Lo siguen usando con la esperanza de que esta vez sí funcione, como el que insiste en arreglar un enchufe con un tenedor

La idea de que un grupo de partidos tiene el derecho de decidir qué opciones políticas son aceptables y cuáles no, introduce un sesgo elitista y paternalista en la política. Se da por hecho que ciertos partidos tienen la autoridad moral para excluir a otros, generando así un espacio político arbitrario y restrictivo. En España, por ejemplo, ya se ha aplicado el cordón sanitario y ha sido un fracaso. Siempre fracasa. Lo siguen usando con la esperanza de que esta vez sí funcione, como el que insiste en arreglar un enchufe con un tenedor. Desde el primer cordón sanitario europeo, el que se aplicó a Papá Le Pen, ninguno ha dado los resultados esperados. De hecho, muchas veces ha provocado el efecto contrario.

Los cordones sanitarios han demostrado ser más bien un trampolín para los partidos aislados. En lugar de debilitarlos, los convierte en mártires del sistema, aumentando su atractivo ante los votantes desencantados. Vox, Jean-Marie Le Pen, Wilders o el FPÖ austríaco no han desaparecido: han crecido, y en algunos casos, han llegado al poder.

Curiosamente, el cordón sanitario en Europa solo se aplica contra partidos de derecha o euroescépticos, pero rara vez contra formaciones de extrema izquierda o movimientos que han defendido regímenes totalitarios en el pasado o en el presente. Esto deja claro que no se trata de un principio democrático, sino de una herramienta de conveniencia.

En definitiva, el cordón sanitario dice proteger la democracia, pero en realidad es un torniquete mal puesto que termina gangrenando el pluralismo. Refuerza la desconfianza en el sistema y empuja a una parte de la ciudadanía a sentirse fuera del juego democrático.

Cuidado, porque al parecer Trump se ocupará de que los países ricos del continente se vean obligados a cortarlo. España debería temer el corte del suministro de fondos para seguir con su objetivo de establecer un partido dominante impuesto desde lo clientelar.

Lo más importante es observar qué hacen los políticos con los resultados que obtienen. Si se dedican a engañar a sus votantes y a despreciar a quienes no los apoyan, lo que se está construyendo no es una democracia fuerte, sino un desastre político en cámara lenta.

Y hablando de desastres, España haría bien en preocuparse más por el cordón umbilical que la mantiene conectada a Europa, que por ninguno sanitario. Por el umbilical han llegado miles de millones que el gobierno despilfarró sin miramientos. Cuidado, porque al parecer Trump se ocupará de que los países ricos del continente se vean obligados a cortarlo. España debería temer el corte del suministro de fondos para seguir con su objetivo de establecer un partido dominante impuesto desde lo clientelar.

Porque esos fondos se han usado para transformar al ciudadano en cliente. Y eso cuesta mucho dinero. ¿Qué hará Sánchez sin dinero europeo? ¿Qué otro cordón alimentará sus ansias de perpetuarse en el poder? Allí el peligro se multiplica, los prestamistas de última instancia piden a cambio lo que se les ocurre, y Sánchez ya camina por el mundo con fama de manirrota. ¿Se someterá a China, a Irán, o a los saudíes?

Resulta que las militantes de Podemos tenían más riesgo en una asamblea del partido que en una noche solas en Malasaña. Al final, parece que el verdadero cordón sanitario habría que ponerlo en sus propias filas…

Ahora bien, si realmente quisieran aplicar un cordón sanitario con fundamento, quizás deberían mirar a Podemos, un partido que últimamente parece más un festival de agresores sexuales y chicas dóciles que una formación política.

No sé qué habrá pasado en esas carpas del 15M, pero seguro que fue un festival de manos largas y conciencia selectiva. Penoso para España, sí, pero una auténtica bacanal para los que estaban dentro de las tiendas de campaña. Ahora entendemos mejor por qué gritaban tanto lo de “¡Sí se puede!”

De aquellos polvos, estos lodos.

Lo más curioso es que, después de años vendiéndose como los grandes defensores de la mujer, resulta que las militantes de Podemos tenían más riesgo en una asamblea del partido que en una noche solas en Malasaña. Al final, parece que el verdadero cordón sanitario habría que ponerlo en sus propias filas…y no precisamente por cuestiones políticas, sino por higiene moral.

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