“Escucho música todo el tiempo”, comenta Klaus Mäkelä a Apple Music Classical. “Probablemente unas dos o tres horas al día. A menudo escucho música completamente distinta a la que dirijo porque, de lo contrario, puede ser un poco confuso para el cerebro. ¿Cuáles son tus propios pensamientos y cuál es la interpretación de alguien más sobre la obra? ¿Qué quiero de la música? Quiero inspiración. Así que creo que esta playlist es como un recorrido espontáneo por mis pensamientos”. Aun así, encontrarás muchas conexiones musicales reveladoras y transiciones en la playlist de Mäkelä. Un movimiento de la trágica Sinfonía No. 4 de Brahms es seguido por la cantata de Bach que inspiró a Brahms en el tema de su passacaglia final. Mäkelä celebra su propio instrumento, el violonchelo, con una grabación de su héroe, el ruso Daniil Shafran, interpretando la Sonata para violonchelo de Shostakovich con el compositor al piano. “El violonchelista Steven Isserlis describió a Shafran como el intérprete popular del violonchelo”, dice Mäkelä. “¡Totalmente! Es un poeta. Hay una libertad increíble en su forma de hacer música”. Naturalmente, hay obras importantes de los compositores finlandeses Sibelius y Rautavaara, además de Asteroid 4179: Toutatis, una pequeña pieza que la fallecida Kaija Saariaho compuso como complemento a The Planets de Gustav Holst. “Es una pieza extremadamente hermosa. La elegí porque, en muy poco tiempo, revela su esencia como compositora. Con Richard Strauss todo gira en torno a cincuenta matices de forte, mientras que con ella realmente son cincuenta matices de pianissimo”. Luego está Willem Mengelberg, el gran precursor de Mäkelä y segundo director titular de la Orquesta del Concertgebouw en Ámsterdam. Su interpretación de la Sinfonía No. 4 de Mahler, grabada en 1939, es “invaluable”, dice Mäkelä, quien explica: “Mengelberg invitaba frecuentemente a Mahler a Ámsterdam para dirigir su propia música. Trabajaba con la orquesta previamente, de modo que, cuando Mahler llegaba, los músicos ya estaban inmersos en la obra. Luego, él se sentaba en los ensayos y anotaba exactamente lo que Mahler hacía. Como registro histórico, es increíblemente importante. Claro, para 1939, cuando esto se grabó, Mengelberg ya había dirigido la obra unas 120 veces, y algunas excentricidades se habían colado, pero sigue siendo una interpretación asombrosa. ¡Y la Sinfonía No. 1 de Brahms de Mengelberg también cambió mi vida! Está tan llena de vida”.