Hija de un acaudalado industrial francés, Charlotte Sohy recibió el apoyo de su madre, una apasionada cantante aficionada, para desarrollar su precoz talento musical. Su formación fue amplia e incluyó clases de teoría musical que compartió con quien más tarde se convertiría en una gran pedagoga de la música, Nadia Boulanger. También estudió órgano, y el instrumento sinfónico en el que aprendió a tocar la inspiró a dedicarse a la composición. Gracias al respaldo de su familia, estudió con las figuras más destacadas de su época: recibió formación en composición y contrapunto con Vincent d’Indy y Albert Roussel, mientras continuaba sus estudios de órgano bajo la tutela de Louis Vierne. En 1909, se casó con un colega compositor y, como madre, gran parte de su tiempo estuvo dedicado a sus hijos y a la promoción de la obra de su esposo. Sin embargo, ese mismo año compuso una dramática Sonata para piano, que refleja la influencia del romanticismo tardío de su maestro d’Indy, aunque con destellos de una sensibilidad más moderna en algunas de sus audaces disonancias. En otras obras es posible percibir un estilo más avanzado, cercano al de Debussy, como en el exuberante Thème varié para violín y orquesta de 1921, aunque nuevamente con un matiz melancólico propio del romanticismo tardío, que recuerda a Chausson, colega de composición de d’Indy. Su música es generosa, receptiva a las influencias de su tiempo, pero siempre fiel a la verdad expresiva de su maestro. Su música también posee una gran fuerza. Un ejemplo de ello es su Sinfonía, compuesta durante la Primera Guerra Mundial, cuando su esposo, herido en Éparges, sobrevivió tras una experiencia cercana a la muerte. Además de su profunda expresividad, la obra demuestra el excepcional dominio de Sohy del color orquestal, consolidándola como una compositora digna de ser reconocida entre las grandes figuras del Romanticismo tardío francés, a quienes tanto admiraba.